El otro día os hablé del tipo de delitos que pueden llevar a cabo los menores a grandes rasgos; esta semana, y las siguientes, me gustaría profundizar un poco más en ellos.

Los delitos tecnológicos o informáticos se cometen usando las nuevas tecnologías como ordenadores, tablets o móviles, a través de las redes sociales, WhatsApp, etc.

Las nuevas tecnologías tienen muchas ventajas, como un contacto inmediato con amigos o conocer al momento noticias, pero también implica muchos peligros si no se sabe utilizar correctamente. En muchas ocasiones podemos estar llevando actuaciones delictivas, incluso sin darnos cuenta.

Cuando un menor comete un delito usando alguno de estos medios, lo hace en la mayoría de los casos creyendo en su anonimato; internet nos ofrece una falsa sensación de anonimato que hace que las personas se vuelvan más “atrevidas”.

Pero lo que más debería preocuparnos en cuanto a sociedad, es que la mayoría de los jóvenes tiene el siguiente pensamiento:

“Como soy menor de edad, no me pueden hacer nada“

Tipos de delitos cometidos por los menores

  • Sexting: Consiste en el envío de contenido erótico o sexual, el contenido ilícito de este acto es el uso que se haga de dicha fotografía, pudiendo usarse para conseguir a cambio de no divulgarla, para acosar, insultar y un largo etcétera, esto se conoce como “Sextorsión“
  • Cyberbulling o Ciberacoso: Es el acoso utilizando las nuevas tecnologías, principalmente las redes sociales. Las más frecuentes son la difusión de rumores sobre la víctima, vejar e insultar (estamos hablando de un delito contra la integridad moral).
  • Incitación al odio: Se trata de fomentar el odio, la discriminación o la violencia contra un grupo de personas por motivos racistas, religiosos, etc., generalmente hecho a través de internet. La mayoría de los menores son muy influenciables por su entorno, por lo que si su grupo de amigos o familiares tienen ciertas ideas racistas, éstos pueden llegar a divulgar actos de odio contra personas que no sean del mismo país que ellos.
  • Suplantación de identidad: Cuando suplantamos la identidad de una persona con malas intenciones, por ejemplo ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero, o publicar el número de teléfono, fotos y dirección de correo electrónico para que entren en contacto.

En definitiva, educar a los jóvenes sobre la utilización de las redes sociales, desde una perspectiva de respeto hacia los demás, evitaría muchos de estos delitos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos los jóvenes o menores no reaccionan del mismo modo a los factores de riesgo o protección, por ello diversas doctrinas hacen hincapié en la importancia de subrayar aspectos cognitivos interpersonales del menor a la hora de describir su personalidad.

Pero, ¿cuál es el objetivo de todo esto? 
Pues no es otro que poder establecer programas de prevención eficaces y para crear modelos educacionales que permitan una adecuada intervención psicosocial.

Habría tres posibles categorías tipológicas de menores delincuentes:

  • Una primera categoría que vendría definida por la existencia de trastornos psicopatológicos. Aquí podríamos hablar de:
    • Menores delincuentes por psicopatologías: normalmente suelen manifestar falta de empatía, lo que provoca que el menor no logre adaptarse a su entorno al no poder inhibirse de llevar a cabo comportamientos o conductas antisociales.
    • Menores delincuentes por ansiedad: estos jóvenes suelen arrastrar una grave perturbación del comportamiento que se manifiesta en desórdenes de conducta. El origen de esta ansiedad puede ser la frustración, el abandono, etc.
    • Menores delincuentes por autorreferencias de la realidad: son jóvenes que llegan a mezclar fantasía y juego de una forma tan intensa que comienzan a vivir fuera de la realidad, lo que en ocasiones conlleva actuaciones ilícitas.
  • Una segunda categoría integrada por jóvenes con algún rasgo de anormalidad patológica. Podemos encontrarnos con:
    • Menores delincuentes con trastorno antisocial de la personalidad: la mayoría de los menores que lo padecen tienen un mismo denominador común: la falta de cariño, atención y cuidado de sus padres. Sus principales manifestaciones son la hiperactividad, la ausencia de culpa, el fracaso escolar, ser poco comunicativos o ser muy excitables. Son jóvenes con una socialización primaria inadecuada, lo que acaba por llevarles a la delincuencia.
    • Menores  delincuentes con reacción de huida: normalmente en este caso los menores han sufrido maltrato o abuso sexual, por ello eligen huir, muchas veces sin un rumbo definido, lo que los convierte en objetivos fáciles para los responsables de la delincuencia organizada, o acaban delinquiendo para sobrevivir.
  • Una tercera categoría donde estarían los jóvenes que tienen rasgos de personales normales o casi normales. Estos menores son los que tienen características de personalidad normales o próximo a la normalidad, suelen ser aquellos jóvenes afectados por situaciones disfuncionales leves sin producir ninguna alteración en su percepción. En esta categoría se encontrarían la mayoría de los menores delincuentes:
    • Los que llevan a cabo actos de vandalismo, como consecuencia de entrada en la pubertad.
    • Los que cometen pequeños hurtos/fraudes con motivo de autoafirmación personal frente a su grupo de iguales.
    • Los que cometen delitos contra el patrimonio y/o libertad sexual por placer.
    • Los que delinquen para satisfacer apetencias consumistas.

En general no podemos hablar de un solo tipo de delincuente entre los adolescentes, ya que hay diferentes modos de comportarse y actos de diversa gravedad. En algunos de ellos, esta etapa suele ser algo transitorio (generalmente una llamada de atención), mientras que otros hacen de esto su estilo de vida. Cuanto más joven sea el delincuente, más probabilidades hay de que reincida.

Lo que sí está claro es que todos estos actos llevan a denunciar los errores de la educación como causa esencial de la delincuencia.

 

La educación comienza en casa, eso es algo básico y que parece que hoy en día se ha perdido. La mayoría de los adultos piensan que sus hijos van a la escuela para que los eduquen, eximiéndose de dicha responsabilidad. Pero la escuela está para enseñar a nuestros hijos, no para hacer nuestro trabajo. 

La educación de los hijos no es tarea fácil, hay ciertas frases que decimos a los niños que sin darnos cuenta puede moldear su forma de pensar/actuar en un futuro, y que puede llevar a tener determinadas conductas antisociales. 

Para poneros algún ejemplo: 

  • No llores que ya no eres un niño/No llores, no ha sido para tanto: muchas veces se tiende a infravalorar los sentimientos de los niños, y es que, aunque para nosotros el que se haya roto su juguete no tenga ninguna importancia, para él puede ser una gran tragedia, por lo que consolarle y nunca infravalorarle. En un futuro este tipo de sentimiento en el menor puede hacer que no se sienta querido por nadie y por tanto no importarle lo que otros digan sobre sus actos. 
  • Aprende de tu hermano: todos sabemos que las comparaciones son odiosas, entonces sí a un adulto no le gusta que le comparen con nadie, ¿por qué se lo decimos a los niños? Un niño al que se le dice esto, puede ver a esa persona con la que se le ha comparado como un modelo que nunca podrá alcanzar, lo que va a afectar a su autoestima, pudiendo proyectar dicho sentimiento en otros ámbitos fuera del familiar. 
  • Me vas a volver loca: puede que en ciertas ocasiones los hijos hagan perder la cordura a los padres, pero es muy importante no hacer al niño partícipe de ello. Debemos tener en cuenta que usar la culpabilidad para motivar a que cambie su comportamiento no es positivo, ya que le estamos transmitiendo que él es culpable de nuestros problemas, lo que puede generar gran ansiedad. 
  • Si haces esto, te voy a castigar: nunca, nunca, nunca hay que usar la amenaza para conseguir que el niño haga algo por dos motivos: por un lado, estamos rompiendo la confianza que el niño tiene en sus padres, y por otro lado le estamos dando el ejemplo de que para conseguir algo es legítimo usar la intimidación. 
  • Eres un niño malo: esto a primera vista puede no generar ningún impacto en el menor, pero muchos niños pueden llegar a pensar que son así y no pueden hacer nada para remediarlo; les estamos transmitiendo la idea de que son defectuosos, y en un futuro pueden no tener conciencia de que lo que están haciendo está mal. 
  • Deja, que ya lo hago yo: el mensaje que lanzamos cuando decimos esta frase es muy claro, le estamos diciendo que él no va a ser capaz de hacerlo, entonces pensará que no vale la pena esforzarse por hacer las cosas bien, además de convertirle en una persona dependiente siempre de los demás. Otras fases que usamos serían “no sabes hacer nada bien” o “no sé cuándo vas a aprender”. 

Y habría muchos más ejemplos, claro que todo esto depende mucho de la personalidad de cada niño y como pueda acoger e interpretar este tipo de frases, pero una cosa esta clara, debemos de educar a los niños siempre desde el respeto, sin amenazas y con mucho cariño. 

Al igual que existen unos factores de riesgo para la delincuencia juvenil, también existen unos factores de protección, los cuales no podemos dejar de prestarles atención. 

Según Morant (2003) y Sánchez-Teruel (2011), las características de estos factores serían: 

  1. Aquellos que reducen la sensibilidad ante factores de riesgo, como afrontar de forma exitosa los problemas. 
  1. Los que disminuyen el impacto de factores de riesgo como, por ejemplo, una correcta supervisión parental. 
  1. Aquellos que reducen o detienen reacciones en cadena negativa, como tener buenas habilidades para manejar conflictos. 
  1. Los que provocan reacciones en cadena positivas. 
  1. Aquellos que promueven la autoestima y el sentido de autoeficacia, como tener relaciones personales seguras y con elevado nivel de apoyo social. 
  1. Los que abren oportunidades positivas como oportunidades educacionales, oportunidades de progreso académico y oportunidades para cambiar el contexto social.  
  1. Aquellos que promueven el procesamiento cognitivo positivo de experiencias negativas. 
  1. Permanecer en el colegio. 
  1. Tener una actitud mental de autosuficiencia, capacidad de planificación y proactividad hacia la solución de problemas. 
  1. Ser resiliente. 

Como conclusión del análisis de los factores de riesgo y protección, podríamos decir que el impacto de estos factores siempre va a depender de las características de cada menor, así como la educación que ha recibido.