“The fantasy that accompanies and generates the expectation that precedes the crime is always more stimulating than the period immediately following the crime itself.”

La semana pasada escuché en un programa de radio, que hablaba sobre el estreno de una nueva serie documental sobre asesinos en serie y una nueva película de Zac Effron sobre el criminal Ted Bundy; en dicho programa de radio leyeron un comentario de la madre de una de las víctimas de Bundy en el cual opinó que este tipo de películas y series documentales glorifican estos crímenes y por tanto a quienes los cometen.

Pero me pregunto, ¿realmente es así?

Si nos ponemos a ver todos los crímenes cometidos hasta ahora sí que es cierto que algunos de ellos son “copias” de grandes crímenes de la historia, pero también tenemos que tener en cuenta la personalidad y la salud mental de la persona que reproduce dichos crímenes, puesto que muchos de ellos son personas desequilibradas en los cuales un simple estímulo externo puede activar el lado más oscuro de las personas.

En otras ocasiones, hay personas que cometen actos delictivos simplemente por querer llamar la atención, “ser famosos” e incluso muchos de ellos lo reconocen públicamente, pero ese tipo de personas suelen ser personas que a su modo de ver son poco queridos por los demás, que han experimentado falta de cariño en la infancia, que les gusta llamar la atención de los demás. Aunque claro está que luego existen excepciones.

En líneas generales me gustaría concluir que depende de la forma en la que esté hecha la película, se enaltecerá o no a quién representa, pues en muchas ocasiones es bueno visionar documentales para comprender un poco mejor porque hizo lo que hizo, siendo muy interesante a nivel académico.

Últimamente he estado viendo el documental de Netflix “Inside the world´s toughest prisions” y me ha llamado mucho la atención un capítulo en específico.

Para quiénes no habéis visto el documental, os lo recomiendo, el periodista pasa unos días en las peores prisiones en cuanto a seguridad, principalmente en América Latina, aunque también en alguna europea.

Lo que más me ha llamado la atención es un capítulo en el que va a pasar unos días a una cárcel totalmente opuesta a lo que vemos en el resto de la serie, una prisión en Noruega donde apuestan totalmente por la reinserción del preso.

Noruega ha demostrado que tratar a sus presos como seres humanos funciona y mejora tanto la convivencia dentro de la cárcel, como mejora también la posibilidad de un futuro cuando los presos vuelvan a estar en libertad.

En el sistema penitenciario noruego tienen el llamado, principio de normalidad, según el cual el día a día de una persona en la cárcel no tienen porque ser diferente de un día normal en libertad, queriendo con ello conseguir que los presos no noten una brecha enorme cuando cumplan sus condenas y no sepan ni cómo es vivir nuevamente en sociedad.

La mayoría de los presos inician su condena en una prisión de alta seguridad, pasando más tarde a una de menor seguridad con la idea de crear una transición gradual de la presión a la libertad, en incluso algunos presos son transferidos a casa de adaptación cuando ya están finalizando su condena para permitir una existencia todavía más parecida a la vida fuera de la prisión.

Los países escandinavos tienen una alta tasa de reinserción gracias a la educación de los presos y a su sistema de prisiones, pero además también tienen una de las tasas más bajas de encarcelación del mundo. Escandinavia es una sociedad altamente educada donde las diferencias sociales son ínfimas, lo que evita que las personas tengan que recurrir a trabajos ilegales para sobrevivir.

Cuando un escandinavo –bien sea un islandés, un finés, un noruego o un sueco– es condenado por violación a la ley penal, es enviado a hacer parte de un programa de rehabilitación o socialización que incluye distintas actividades de orden pedagógico: música, arte, lectura e, incluso, agricultura. Bajo estas actividades aprenden el valor del trabajo y de la ética y el ejercicio de sus talentos naturales como fuerza productiva del país. En otras palabras, son formados intelectualmente, de modo que aprendan a integrarse en el mundo en que viven y a identificarse con su realidad.

Por tanto, la reinserción es posible siempre cuando haya educación.