violencia de generoSi hace unas semanas hablaba sobre la violencia sobre los niños, en este post me gustaría hablar sobre el efecto que la violencia de género puede tener sobre los menores.

Un niño que se ve expuesto a la violencia doméstica de sus progenitores tiene mayor probabilidad de padecer problemas de salud mental y física a largo plazo.

Además, no podemos olvidar que los niños aprenden e imitan todo aquello que ven en casa, por ello si un niño es testigo de este tipo de violencia, tienen mayor riesgo de ser violento en sus relaciones futuras.

Estadísticas poblacionales en EE. UU. indican que un 29.4% de los niños de hogares biparentales, viven en familias donde se ha producido violencia entre los padres en el último año.

Los niños, además, pueden experimentar angustia psicológica cuando se ven enfrentados a informar sobre dicha violencia a las autoridades y deben testificar en procedimientos legales contra uno de sus progenitores. A veces esa angustia se puede combinar con los intentos de los padres por culpar al niño de la agresión o del conflicto que exista entre ellos.

En cuanto a la recuperación de los niños que sufren o han sufrido este tipo de violencia, porque recordemos que igualmente son víctimas, existen diversas teorías.

Cada niño responde de una manera diferente al trauma, eso es innegable, ya que algunos niños son más fuertes que otros, lo que sí está claro es que esta recuperación depende de factores como: tener un buen sistema de apoyo con adultos de confianza, tener alta autoestima y unas amistades saludables.

Por todo ello es importante, no exponer a nuestros menores a la violencia de género en ningún caso, vamos a protegerles de este tipo de influencias negativas para su futuro.

 

Violencia sexualLa violencia sexual en los conflictos armados ha sido un fenómeno invisible e ignorado a lo largo de la historia.

¿Por qué?, porque no interesa, no repercute en nuestra sociedad, no nos importa la vida de los demás, etc.

Lamentablemente este fenómeno no tomó notoriedad hasta finales del siglo XX, con los conflictos de la región de los Balcanes y el genocidio en Ruanda.

La violencia sexual es una grave violación de los derechos que no entiende de géneros y suele tener lugar tanto en contextos de paz como de conflictos armados, aunque es ésta última la que puede contribuir a su aumento.

En el contexto de conflicto armado, también es una violación del derecho internacional humanitario.

¿Qué es la violencia sexual?

La ONU la define como “incidentes o pautas de violencia sexual, es decir, violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazos forzados, esterilización forzada o cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad que se cometa contra las mujeres, hombres o niños”.

La violencia sexual afecta fundamentalmente a mujeres, y entre las estrategias más utilizadas se encontraban los llamados “campos de violación”.

La violencia sexual contra hombres y niños también fue frecuente e incluía violación, tortura sexual, mutilación genital, etc., por parte de otros hombres.

“No es un fenómeno actual”

Como he comentado, este fenómeno no es actual, sino que ya existía a lo largo de la historia.

Hay documentación sobre la violación masiva de mujeres alemanas por parte del Ejército Soviético, o el llamado “mujeres confort”, que eras esclavas sexuales al servicio del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué ahora se le da visibilidad?

La visibilización del uso de la violencia sexual como arma de guerra en Bosnia estuvo vinculada en gran parte a la proximidad de Bosnia a la realidad occidental.

La guerra de Bosnia tuvo lugar en territorio europeo y entre europeos, lo que facilitó una disposición internacional a escuchar, creer y movilizarse ante o que estaba ocurriendo.

¿Qué impacto ha tenido la pandemia en la violencia sexual en los conflictos armados?

Una preocupación que existe a la hora de denunciar este tipo de violencia es precisamente la ausencia de esas denuncias por miedo a las represalias, la inseguridad, la falta de servicios y al estigma social para las víctimas.

Se estima que por cada violación denunciada, hay entre diez y veinte que no se denuncian.

Si a la ya habitual falta de denuncias de violencia sexual relacionada con el conflicto, sumamos las medidas de contención de la COVID-19, nos encontramos con personas que denuncian mucho menos de lo que se debería hacer.

Los bloqueos, toques de queda, cuarentenas, temores de contraer o transmitir el virus, restricciones de movilidad y acceso limitado a los servicios y espacios seguros, han acentuado las barreras estructurales institucionales y socioculturales existentes para denunciar estos delitos.

¿Existe una solución a este problema?

La ONU ha propuesto dos soluciones para esta lacra.

  • Reconstruir para mejorar

Esto quiere decir establecer un enfoque inclusivo, intersectorial y con perspectiva de género, porque aunque hemos dicho que esta violencia no entiende de género, la proporción de mujeres víctimas es muy superior al de hombres.

Es necesario silencia las armas, dar voz a las víctimas y supervivientes, luchar por la igualdad con determinación y abordar las causas profundas de los conflictos.

Hay que invertir en el bienestar público en vez de en los instrumentos de guerra; igualmente ha de cambiar el paradigma de seguridad para fomentar la seguridad humana y la resiliencia de las personas.

  • Promover un nuevo contrato social

Hay que buscar un contrato social en el que nadie en el poder esté por encima de la ley, y ningún indefenso se encuentre desprotegido ante la ley.

¿La finalidad? Lograr una verdadera igualdad y justicia.

Abuso VejezNormalmente cuando hablamos de abuso y maltrato, automáticamente pensamos en el maltrato infantil, pero ¿qué sucede con nuestros mayores?

Últimamente se han ido viendo alguna noticia sobre personas mayores que son abusadas, maltratadas o sufren abandono por parte de quién debe cuidar de ellos.

Estoy hablando tanto en el ámbito familiar, como en el institucional.

El abuso y maltrato en la vejez es un problema a nivel mundial que afecta la salud y a los derechos humanos de millones de personas mayores.

La OMS define “El maltrato de personas mayores como la acción única o repetida, o la falta de respuesta apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y la cual produzca daño o angustia en una persona anciana”.

Al igual que sucede en cualquier tipo de maltrato, encontramos diferentes tipos:

  • Maltrato físico
  • Maltrato psicológico
  • Maltrato económico
  • Negligencia

El maltrato físico es todo aquel que produce una lesión física de forma intencionada a la persona atendida.

El maltrato psicológico es el abuso que causa daño emocional.

El maltrato económico es todo aquel que incluye apropiación sin autorización del dinero, objetos y propiedades pertenecientes a la persona mayor, así como la manipulación de documentos o cuentas bancarias.

Estos tipos del maltrato son iguales a los que se producen por ejemplo en la violencia de género y en la violencia doméstica, pero hay una tipología diferente.

Es la negligencia, esta comprende un inadecuado comportamiento por parte del cuidador, de tal modo que no cubre las necesidades básicas de la persona mayor (nutrición, aseo, higiene o vestido), ni la correcta administración de su medicación pautada.

Las Naciones Unidas realizaron un estudio en el año 2017 en países desarrolles y en otros en vías de desarrollo, sobre la incidencia del abuso y maltrato en la vejez.

De dicho estudio salieron las siguientes conclusiones:

– El 15,7% de las personas a partir de 60 años fueron sometidas a algún tipo de abuso.

– Se notifica 1 de cada 24 casos de maltrato.

– Los porcentajes según el tipo de maltrato varía mucho, siendo del 2,6% en el maltrato físico, el 11,6% en el psicológico, el 6,8% en el económico y un 4,2% la negligencia.

Con todo se puede concluir que:

  • El maltrato en la vejez se produce en todas la clases sociales y en cualquier nivel socioeconómico
  • En más de la mitad de los casos los maltratadores son los hijos
  • El tipo de maltrato tiene correlación con el estado de salud de la persona que lo sufre, de tal modo que la negligencia o abandono se produce en personas más dependientes
  • Por sexo, las mujeres sufren más casos de maltrato o abuso que los hombres (más o menos 80% – 20%)

No nos olvidemos que este tipo de abuso y agresiones también suceden, y más a menudo de lo que nos pensamos.