
Hace tiempo vi una película que me llamó mucho la atención “A time to kill” y me hizo pensar mucho sobre la existencia de las diferencias entre las personas por motivo de su origen; ¿existen las razas? ¿qué es el racismo? ¿puede llegar a matar?
Month: October 2020

Hace tiempo vi una película que me llamó mucho la atención “A time to kill” y me hizo pensar mucho sobre la existencia de las diferencias entre las personas por motivo de su origen; ¿existen las razas? ¿qué es el racismo? ¿puede llegar a matar?
Es la rama de la criminología que interpreta los actos delictivos en función de su desarrollo vital,
siendo la edad uno de los factores más importantes en el estudio que pretende explicar la influencia de la edad en las conductas delictivas.
Hay dos conceptos relevantes dentro de este paradigma:
Hay tres etapas en el desarrollo vital de la conducta antisocial:
Es importante identificar los factores de riesgo o de protección que afectan a los victimarios, o dicho de otro modo buscar esos factores que favorecen la conducta antisocial, y aquí toma especial relevancia la edad del victimario, ya que según esa edad los factores van a afectar de un modo u otro.
Un ejemplo de esto es que un bolso abandonado no promueve el mismo efecto en un individuo de 10 años que en uno de 20 años e incluso es diferente de un sujeto de 40 años. Por lo que el uso de este paradigma permite entender que unos victimarios cometan delitos desde muy jóvenes, que otros mantengan esa carrera delictiva en el tiempo, así como otros que desistan de la misma.

Este tipo de criminología alude a factores sociales e individuales que permiten a las personas adquirir experiencias moldeando su forma de ser, lo que los “diferencia” de los demás.
Dentro de este tipo de criminología toma especial relevancia la aportación del psicólogo Howard Gardner al establecer que los individuos tienen no solo una, sino varias inteligencias que pueden desarrollar a lo largo de su vida usándolas de manera diferente según el contexto en el que nos encontremos.
En el campo criminológico las más relevantes son la inteligencia interpersonal e intrapersonal, ya que su deficiencia hace que los individuos sean más vulnerables a la influencia de factores criminógenos, porque en los individuos existen 3 variables temperamentales: la impulsividad, la búsqueda de sensaciones y la empatía. Todas ellas tienen una base biológica pero sus efectos pueden ser modulados a través de un aprendizaje adecuado.
Analizando cada variable por separado podemos ver que:
Teniendo esto en cuenta, las personas con tendencias impulsivas no ven recompensa alguna en tener una conducta conforme a la ley, por lo que no experimentan miedo o ansiedad a los castigos que su actuación les pueda acarrear.
En definitiva, la conducta antisocial es el resultado de una percepción errónea que tienen los victimarios sobre las acciones constitutivas de delitos que llevan a cabo o, dicho de otro modo, los autores de un delito entienden que sus actos están justificados.
Este estilo de afrontar los actos surge de las experiencias que su entorno les proporciona, es decir, los individuos somos sometidos a determinadas situaciones que nos van a proporcionar una experiencia concreta que reforzará nuestro comportamiento actual y probablemente también afecte a nuestros comportamientos futuros.
Este tipo de paradigma se centra en la institución de la familia y su importancia en las diferentes etapas de la vida de los seres humanos.
Las dos variables más estudiadas hasta el momento son el afecto y el control parental, siendo que su falta o exceso puede afectar positiva o negativamente en las personas.
1. Conocemos por afecto la integración de un individuo en su propio entorno familiar, así como el bienestar que proporciona. Es muy importante la existencia de afecto en las diferentes etapas de la vida para que una persona pueda desarrollarse adecuadamente.
2. Por otro lado, el control parental hace referencia a la capacidad de los progenitores de supervisar y controlar la conducta de sus hijos. La importancia de esto se establece en que los padres tengan la capacidad de controlar a sus hijos antes y después de cometer una conducta inadecuada.
La dificultad radica en que la actualmente vivimos situaciones muy cambiantes, de modo que es necesario adaptarnos y cambiar en función de las necesidades que van apareciendo.
Los padres deben adaptar la educación que imparten de tal manera que se logre influir en el desarrollo de los hijos, pero no olvidemos que un resultado satisfactorio depende de la reciprocidad del hijo, existiendo cuatro dimensiones de riesgo en la relación padre-hijo:
– Afecto en la relación
– Grado de control parental
– Grado de madurez del hijo
– Grado de comunicación intrafamiliar
En la siguiente imagen se puede observar cuatro estilos parentales diferentes, resultantes de la combinación de las dos variables que he hablado anteriormente.
