El post de esta semana lo quiero dedicar a una persona que se merece todo nuestro respeto y nuestra atención cómo criminólogos y como sociedad. 

Emilio Calatayud es un abogado, magistrado español y juez de menores en la ciudad de Granada; seguramente muchos de los que estéis leyendo esto conocéis el trabajo de este juez, pero para quién no lo sepa permitirme hacer un resumen. 

Este juez es conocido por dictar sentencias basadas en la educación y el trabajo social para los jóvenes que cometen delitos penados con penas privativas de libertad, todo ello porque aboga por el castigo quiénes cometen un delito mediante la educación, tratándose así de medidas innovadoras y constructivas. 

Por poner algunos ejemplos de sentencias: 

  • Visitas a la planta de traumatología de Granada por conducir un ciclomotor sin seguro de circulación 
  • Trabajar con los bomberos por haber quemado papeleras. 
  • Impartir 1000 horas de clases de informática a estudiantes a un joven que había crackeado varias empresas granadinas provocando daños por 2000   

Os invito a que veáis algunas entrevistas suyas y vídeos que podéis encontrar en YouTube, porque realmente merece la pena escucharlo. En una de sus últimas entrevistas dijo «Mis opiniones son discutibles y mis sentencias son apelables, por lo tanto no he dicho nada». 

Para seguir dentro de la misma temática de la prevención, hoy vamos a ver los tres tipos de prevención que existen: 

1. Prevención primaria ⇾ sería el conjunto de estrategias orientadas a la raíz del conflicto criminal, es decir, neutraliza las causas mucho antes de que ocurran. Se trata de crear los requisitos necesarios o resolver las situaciones criminógenas, buscando siempre una socialización provechosa acorde con los objetivos sociales. 

Esta prevención primaria implica la instrumentalización de acciones en todos los ámbitos del  bienestar social para lograr que los beneficios de desarrollo lleguen a todos los sectores de la  población, evitando así la exclusión de los sectores más pobres y marginados, pero sin  dedicar todas las políticas públicas única y exclusivamente a ellos, ya que en un sentido  estricto significaría estigmatizarlos. 

Pero existen circunstancias que van a incidir negativamente en las políticas de prevención,  por lo que se consideran factores de riesgo criminológico como lo pueden ser la corrupción,  el desempleo, el subempleo, la explosión demográfica, la pérdida y/o transformación de  valores, etc. 

Los ámbitos esenciales para una prevención primaria son educación y socialización, vivienda,  trabajo, bienestar social y calidad de vida. Sus resultados se verían a medio y largo plazo. 

2. Prevención secundaria ⇾ este tipo de prevención actúa más tarde, etiológicamente hablando, no cuando ni donde el delito se produce, sino cuando y donde se manifiesta o exterioriza, y va dirigida a casos concretos y a grupos o subgrupos que presenten un mayor riesgo de desarrollar una conducta criminal; en otras palabras, se dirige a potenciales delincuentes y a víctimas. 

La prevención secundaria está orientada a medidas que dificultan al delincuente cometer un  ilícito penal, medidas que aumenten el riesgo para él o medidas que reducen los beneficios  de cometer un delito. 

3. Prevención terciaria ⇾ el destinatario de este tipo de prevención está claramente identificado: la población reclusa, es decir, va dirigida a quién ya ha cometido un delito. Los destinatarios no son solamente quiénes estén en centros penitenciarios, sino también en centros de tratamiento de menores infractores. 

Tiene un objetivo específico que es evitar la reincidencia de esas personas, desarrollando  todas las estrategias dentro de los centros penitenciarios o de tratamiento de menores, pero  para ser realistas este no es un panorama muy alentador, ya que las políticas actuales no  están tan orientadas a la rehabilitación del delincuente y su reinserción social como cabría  esperar.  

Se podría considerar una intervención tardía. 

Visto un poco a grandes rasgos la semana pasada sobre formas alternativas a la represión del delito, vamos a adentrarnos más en la prevención en sí misma. 

¿Qué es la prevención? 

La prevención implica disuadir al delincuente o ponerle obstáculos para la comisión de un ilícito, pero la pregunta es ¿cómo se consigue disuadir?  

Para unos únicamente bajo la amenaza de pena se disuade a la generalidad de cometer un delito, lo que se busca es contramotivar al potencial infractor; para otros, dichas amenazas no tienen especial relevancia, cosa que sí tendría educar a la ciudadanía para que no cometan delitos, es decir anticiparse a él. En un sentido estricto, prevenir sería algo más que dificultar la comisión de un hecho delictivo, desde el punto de vista etiológico el concepto de prevención no puede desligarse de la génesis del fenómeno criminal pues reclama una intervención dinámica y positiva que neutralice las raíces del delito, es decir las causas, ya que la mera disuasión no afecta a dichas causas que seguirán estando ahí presentes. 

Ya aquí podemos ver también la antítesis del derecho penal y la prevención, ya que, en un Estado social y democrático de derecho, el derecho penal solo puede intervenir cuando se lesionan los bienes jurídicos, por lo que anticiparse a ello iría totalmente en contra de esta premisa. 

La prevención atañe a todos los variables sociales porque el crimen es considerado un problema de la comunidad, que nace en la comunidad y que ha de resolverse por la comunidad, de tal modo que dicha prevención no es exclusiva de los medios de control social formal, sino también de los medios de control social informal. 

El crimen y la criminalidad son dos de los problemas que más preocupan a la sociedad en la actualidad, ambas han existido siempre por lo que no es nada nuevo, pero a esta importancia real le acompaña una relevancia simbólica, y es que hoy en día en las sociedades contemporáneas tenemos un mayor acceso a la información que, gracias a Internet, fluye de manera más rápida, lo que provoca que el problema se aprecie de forma más intensa. 

Así, ante un hecho criminal que llegue hasta nosotros surgen diversidad de cuestiones: se crea una mayor sensibilidad victimológica, hay personas que asumen una postura y la difunden (juzgar el hecho o a quién lo ha llevado a cabo, absolver o condenar según su “sentido común” o como mejor les convenga, etc.) 

Una cosa sí es cierta, y es que el tratamiento del fenómeno criminal debe ser tratado con rigor y cuando hablamos de rigor lo primero en lo que pensamos es un enfoque punitivo al sustentar la necesidad de castigar, o más bien la “obligación” que siente el Estado de castigar el delito, pero ¿será que es suficiente? ¿son posibles alternativas no punitivas para el tratamiento de la criminalidad? 

En un estado social y democrático de derecho está claro que la mayor atención debe estar en la creación de una política criminal que se anticipe al delito y evitar así al máximo su represión, aunque claro esto es fácil decirlo, pero no tanto llevarlo a la práctica. Dentro de toda la gama de políticas públicas que atañen a la prevención hay una materia que no sería tan complicada adoptar: la educación. 

En la criminología clásica, caracterizada por un Estado totalitario, la perspectiva que se tenía en relación con la delincuencia era totalmente reactiva, es decir el delincuente es un enemigo del Estado y el objetivo era disuadir a la población de cometer ilícitos penales castigando al delincuente, no se le veía como un ciudadano por lo que ni siquiera se podía hablar de prevención. 

Por el contrario, en la criminología moderna caracterizada por los rasgos de un Estado social y democrático de derecho, el fenómeno delictivo se aborda desde una perspectiva social, teniendo más importancia anticiparse al fenómeno delictivo, que reprimirlo. Es especialmente relevante reparar el daño causado a la víctima y ofrecer alternativas de socialización al delincuente. 

El porqué de los criminólogos en los colegios 

De sobra es sabido que en las escuelas existen conflictos como el acoso escolar, la violencia, el bullying, etc. 

Por ello, ¿quién mejor que un profesional especializado en la víctima, el delito, el delincuente y la prevención? 

Actualmente la única figura existente en los colegios que se puede acercar algo serían los mediadores, que son alumnos que actúan como mediadores en casos de conflictos, y también hay profesores que cumplen ese rol. 

 Hay que tener en cuenta que estos chicos y profesores, a pesar de hacer un buen papel, no tienen la formación necesaria para actuar en estos casos, porque el bullying no se trata solo de mediar cuando hay violencia, ya que el bullying es un acoso continuo y duradero en el tiempo que necesita de la presencia de un profesional que pueda elaborar un plan de prevención. 

Al igual que existen los orientadores, que normalmente suelen ser psicólogos o psicopedagogos, que también tienen responsabilidades en la coordinación de los protocolos contra el acoso en el aula, deberíamos nosotros también participar activamente en su elaboración y coordinación. 

Igualmente es muy importante educar a los jóvenes sobre el acoso incluyendo a criminólogos en charlas en las escuelas, y también enseñar a los que sufren el bullying que pueden contar con un profesional que les va a ayudar en su situación. 

Aparte del gran beneficio que supondría para los jóvenes y para la sociedad, muchos criminólogos podrían desempeñar sus funciones como tal en el ámbito público. 

De hecho, en el “Plan Estratégico de Convivencia Escolar” del año 2017 ya se habló de la incorporación de una figura de referencia que sea responsable de la convivencia en cada centro, pero no se llegó nunca a concretizar. 

¿Sabéis que podría pasar si en una misma sala se juntaran al delincuente y la víctima de un delito?  

En muchos casos de delitos menores se utiliza la justicia restaurativa como medio de resolución de conflictos, esta se centra en resolver los problemas que han surgido de la comisión de un hecho delictivo, de tal modo que las víctimas, delincuentes y la comunidad se unen para solucionar los conflictos provocados como el sufrimiento de la víctima, los daños a la comunidad y la responsabilidad del delincuente.  

La justicia restaurativa convierte al delincuente en responsable comprendiendo las consecuencias de su comportamiento, a la vez que le ofrece aprender a respetar la ley; también permite que la víctima haga preguntas y reciba respuestas. Y en muchas ocasiones se logra que el agresor reconozca su culpabilidad y pida perdón a la víctima. 

Puede parecer poco el hecho de pedir perdón, pero para la víctima es muy importante saber que la persona que cometió el delito se muestra arrepentido de sus actos. 

El crimen perturba la confianza de la sociedad lo que muchas veces lleva a la discriminación. Muchas veces no nos percatamos, pero el crimen también supone una relación existente entre la víctima y el agresor, una relación es dolorosa y si no se resuelve puede afectar de forma negativa al bienestar de ambas partes. 

Existen tres tipos de justicias: retributiva, de rehabilitación y restaurativa. ¿Qué diferencia a la justicia restaurativa de las otras dos? 

Para la justicia retributiva y de rehabilitación el Estado es la víctima siendo el delincuente responsabilizado recibiendo un castigo (justicia retributiva) o un tratamiento (justicia de rehabilitación), de tal modo que la víctima real pasa a ser una preocupación secundaria del Estado. Por tanto, la importancia de la justicia restaurativa es que se otorga una importancia mucho mayor a la participación de los protagonistas: la víctima y el delincuente. 

Este es un tema poco explorado desde el punto de vista de la criminología y el derecho penal, aunque en el año 2017 se publicó la primera tesis doctoral en Derecho Penal sobre el fenómeno sectario, una tesis que se ha ido trabajando durante de diez largos años. 

Antes de nada, es importante decir que una secta es un grupo de personas que siguen a un líder, siendo dicho líder alguien carismático, y que normalmente suelen tener algún móvil económico encubierto, por ello la peligrosidad de las sectas no está en aquello que creen ni en lo que predican, sino que lo realmente peligroso son las actividades que llevan a cabo y cómo lo hacen. 

Pero la definición de secta no es así tan sencilla, lo primero que hay que tener en cuenta es que suelen ser grupos cerrados con fines de carácter espiritual, no siempre son fines religiosos, y donde el líder o los líderes ejercen algún tipo de influencia sobre sus seguidores; también se puede afirmar que una secta promueve un modo de pensamiento y una manera de vivir, a veces diferente a la del resto de la sociedad. 

Normalmente las sectas son proselitistas, aunque si preguntamos a la gente sobre cuál sería un buen adjetivo para las sectas nadie lo diría. En una secta es mucho más importante “el qué” que “el cómo”, es decir para los integrantes de una secta tiene mucha más relevancia el que se transmite que el cómo se transmite. 

Realmente, según mi opinión, el verdadero problema de las sectas es cómo están reguladas en nuestro ordenamiento jurídico, actualmente en Europa rige el principio de no restricción a la libertad de religión o de conciencia, por lo que intrínsecamente estamos reconociendo el derecho de libertad y tolerancia hacia todas las manifestaciones religiosas. Es esta “protección” la que hace que aparezcan nuevos grupos sectarios que se camuflan entre esta pluralidad de creencias respaldadas legalmente porque no se considera que hagan un daño general y visible a la sociedad. 

Ahora bien, ¿Cómo captan seguidores estas sectas? 

Normalmente los líderes de estas sectas atraen al grupo a personas que sienten solas o que son vulnerables a nivel psicológico o social, la captación es muy sutil, de forma ingeniosa y siempre con una gran preparación por detrás.  

Normalmente viene de alguien de confianza quién con mucho engaño y creando una dependencia hacia dicho grupo logra atraer a las personas. La relación que se crea en un inicio con dicho grupo es muy favorable hacia la persona, ya que le dan mucho, no necesariamente de origen sectario, pueden ser necesidades que tenga dicha persona o intereses culturales, sociales, físicos, etc., que resulten de gran interés para ella, pero esta relación no es de un único sentido, sino que es una relación recíproca, siendo que cuando ya se ha creado dicha dependencia, es entonces cuando ellos te van a comenzar a demandar cosas. 

Crean una dependencia psicología que va más allá de lo razonable ya que esas personas se alejan de sus círculos más cercanos de tal modo que el grupo coercitivo es su único medio de relación, rompen relaciones con su familia, amigos, normalmente dejan el trabajo para centrarse 100% en la vida dentro de su grupo. 

A pesar de no haber números comprobados, se estima que en España existen unas 350 sectas y alrededor de 400 mil personas en ellas, lo que nos viene a decir que el número de este tipo de grupos en nuestro país es muy elevado. 

En la actualidad, con todo esto de la pandemia, este tipo de grupos se aprovechan del miedo de las personas para atraer a más seguidores y para reforzar sus argumentos a todos aquellos que ya creían en el fin del mundo. Según Luis Santamaría, estos grupos se presentan como el arca de Noé: o estás con ellos o con la muerte, porque solo dentro de dichos grupos es que estamos a salvo. 

Por todo esto se puede llegar a afirmar que nadie estamos a salvo de ser atrapados en las redes de un grupo coercitivo, de tal modo que es de extrema importancia estar atento a todas estas señales de alarma y si fuera ese nuestro caso, pedir ayuda a profesionales. 

Hace tiempo vi una película que me llamó mucho la atención “A time to kill” y me hizo pensar mucho sobre la existencia de las diferencias entre las personas por motivo de su origen; ¿existen las razas? ¿qué es el racismo? ¿puede llegar a matar?

La respuesta a estas 3 preguntas es unánime: sí.
Muchos antropólogos consideran que únicamente existe una raza, la humana, pero si bien es cierto que esta se puede dividir en diferentes etnias según características físicas y biológicas.
Ahora bien, el racismo ha existido desde hace mucho tiempo, siempre se ha considerado a la “raza blanca” como la suprema, la que está por encima de todo, de ahí que, en la época de esclavitud, la gran mayoría fueran de color, o por ejemplo cuando Hitler estuvo en el poder, la raza aria eran los supremos y el resto debían de ser esclavizado y morir en los campos de concentración.
Pero hay algo muy preocupante hoy en día, y es que ese racismo sigue existiendo, aunque la esclavitud ya haya desaparecido prácticamente, sigue existiendo ideologías de que la gente de color es inferior o tiene menos derechos que cualquier otra persona.
Estados Unidos es un claro ejemplo de racismo hoy en día, prácticamente a diario hay noticias en los medios de comunicación que hablan sobre los abusos policiales hacia las personas de color, y algunas son historias realmente terribles e inimaginables que ocurran hoy en día en una sociedad de derecho.
Pero no solo en Estados Unidos, aquí mismo en España también hay un sentimiento de odio profundo hacia personas que vienen de otros países, ya no solo si son de color o no, hay racismo contra los ciudadanos chinos, contra los inmigrantes que llegan en pateras desde el África y un largo etcétera. Uno de los grandes errores que cometemos aquí en España es clasificar a todo un pueblo, por los actos que cometen unos pocos, un ejemplo muy obvio de esto son los musulmanes.
Los fanáticos del Islam han cometido en los últimos años innumerables actos terroristas en todos los países del mundo, y solo por el hecho que han llevado a cabo dos o tres personas, todas las personas musulmanas o incluso creyentes del Islam tienen que ser terroristas, ¡pues no es así!, porque por esa regla de tres, si una persona española que está de vacaciones en un país extranjero y roba una manzana, todos los españoles deberíamos ser unos ladrones, sin importar si tú has robado algo alguna vez en tu vida.
El mundo tiene un problema muy grave de racismo, y eso es algo que tenemos que erradicar de forma urgente y necesaria, pues todos somos seres humanos, y ya por el simple hecho de serlo, tenemos una serie de derechos que no tienen ni pueden ser violados, como está sucediendo hoy en día.
Para terminar, me gustaría volver a hacer mención a la película “A time to kill”, y sobre todo a la declaración final del abogado de la acusación:
“Quiero contarles una historia. Por favor cierren los ojos, mientras se la cuento:
Esta es una historia sobre una niña, caminando a casa de la tienda en una tarde soleada.
De repente, una camioneta llega y dos hombres la agarran, la arrastran a un campo cercano, la amarran, le arrancan la ropa. La violan.
Primero uno, luego el otro, y cuando acaban, la usan de blanco de tiro. Le arrojan latas de cerveza, las arrojan tan fuerte, que le abren la carne hasta los huesos.
Luego orinan sobre ella, y después la ahorcan.
La levantan en el aire y sus pies dan patadas, no encuentran el suelo.
La rama de donde la cuelgan, no es lo o suficientemente fuerte, se rompe y la niña cae, de nuevo al suelo.
Así que la levantan, la echan a la camioneta, van al Puente de Foggy Creek y la tiran desde allí, cae 10 metros.
¿La ven?
Su cuerpo violado
…golpeado…
…roto…
…bañado en orina…
…bañado en semen…
…bañado en su propia sangre…
…abandonado para morir.
¿La ven?
Quiero que se imaginen a esa niñita.
Ahora, imaginen que es “blanca”.
La defensa ha terminado”
 
Os dejo el video completo:
https://www.youtube.com/watch?v=geS61ePJaNI

Es la rama de la criminología que interpreta los actos delictivos en función de su desarrollo vital, siendo la edad uno de los factores más importantes en el estudio que pretende explicar la influencia de la edad en las conductas delictivas. 

Hay dos conceptos relevantes dentro de este paradigma: 

  • Carrera delictiva: se trata del número de delitos que una persona comete en un determinado periodo de tiempo. 
  • Delincuente de carrera: son aquellas personas que cometen un número elevado de delitos en un intervalo de tiempo amplio. 

Hay tres etapas en el desarrollo vital de la conducta antisocial: 

  1. Inicio → el fenómeno que lleva a una persona a iniciarse en la carrera criminal
  2. Mantenimiento → es la situación por la cual una persona mantiene sus conductas delictivas. Dentro de esta etapa hay que diferencias a los sujetos reactivos o proactivos; mientras que los sujetos reactivos van a reaccionar de una forma determinada ante un estímulo neutro si así es su estilo particular (pro o antisocial), los sujetos proactivos moldean su entorno de tal modo que se adapte a su estilo particular: pro social o antisocial. 
  3. Desistimiento → es la situación por la cual un victimario abandona la carrera delictiva, por ejemplo, porque ya no encuentre motivación antisocial en sus actos o porque la madurez adquiera una mayor importancia en su día a día. 

Es importante identificar los factores de riesgo o de protección que afectan a los victimarios, o dicho de otro modo buscar esos factores que favorecen la conducta antisocial, y aquí toma especial relevancia la edad del victimario, ya que según esa edad los factores van a afectar de un modo u otro. 

Un ejemplo de esto es que un bolso abandonado no promueve el mismo efecto en un individuo de 10 años que en uno de 20 años e incluso es diferente de un sujeto de 40 años. Por lo que el uso de este paradigma permite entender que unos victimarios cometan delitos desde muy jóvenes, que otros mantengan esa carrera delictiva en el tiempo, así como otros que desistan de la misma.