Para seguir dentro de la misma temática de la prevención, hoy vamos a ver los tres tipos de prevención que existen: 

1. Prevención primaria ⇾ sería el conjunto de estrategias orientadas a la raíz del conflicto criminal, es decir, neutraliza las causas mucho antes de que ocurran. Se trata de crear los requisitos necesarios o resolver las situaciones criminógenas, buscando siempre una socialización provechosa acorde con los objetivos sociales. 

Esta prevención primaria implica la instrumentalización de acciones en todos los ámbitos del  bienestar social para lograr que los beneficios de desarrollo lleguen a todos los sectores de la  población, evitando así la exclusión de los sectores más pobres y marginados, pero sin  dedicar todas las políticas públicas única y exclusivamente a ellos, ya que en un sentido  estricto significaría estigmatizarlos. 

Pero existen circunstancias que van a incidir negativamente en las políticas de prevención,  por lo que se consideran factores de riesgo criminológico como lo pueden ser la corrupción,  el desempleo, el subempleo, la explosión demográfica, la pérdida y/o transformación de  valores, etc. 

Los ámbitos esenciales para una prevención primaria son educación y socialización, vivienda,  trabajo, bienestar social y calidad de vida. Sus resultados se verían a medio y largo plazo. 

2. Prevención secundaria ⇾ este tipo de prevención actúa más tarde, etiológicamente hablando, no cuando ni donde el delito se produce, sino cuando y donde se manifiesta o exterioriza, y va dirigida a casos concretos y a grupos o subgrupos que presenten un mayor riesgo de desarrollar una conducta criminal; en otras palabras, se dirige a potenciales delincuentes y a víctimas. 

La prevención secundaria está orientada a medidas que dificultan al delincuente cometer un  ilícito penal, medidas que aumenten el riesgo para él o medidas que reducen los beneficios  de cometer un delito. 

3. Prevención terciaria ⇾ el destinatario de este tipo de prevención está claramente identificado: la población reclusa, es decir, va dirigida a quién ya ha cometido un delito. Los destinatarios no son solamente quiénes estén en centros penitenciarios, sino también en centros de tratamiento de menores infractores. 

Tiene un objetivo específico que es evitar la reincidencia de esas personas, desarrollando  todas las estrategias dentro de los centros penitenciarios o de tratamiento de menores, pero  para ser realistas este no es un panorama muy alentador, ya que las políticas actuales no  están tan orientadas a la rehabilitación del delincuente y su reinserción social como cabría  esperar.  

Se podría considerar una intervención tardía. 

Visto un poco a grandes rasgos la semana pasada sobre formas alternativas a la represión del delito, vamos a adentrarnos más en la prevención en sí misma. 

¿Qué es la prevención? 

La prevención implica disuadir al delincuente o ponerle obstáculos para la comisión de un ilícito, pero la pregunta es ¿cómo se consigue disuadir?  

Para unos únicamente bajo la amenaza de pena se disuade a la generalidad de cometer un delito, lo que se busca es contramotivar al potencial infractor; para otros, dichas amenazas no tienen especial relevancia, cosa que sí tendría educar a la ciudadanía para que no cometan delitos, es decir anticiparse a él. En un sentido estricto, prevenir sería algo más que dificultar la comisión de un hecho delictivo, desde el punto de vista etiológico el concepto de prevención no puede desligarse de la génesis del fenómeno criminal pues reclama una intervención dinámica y positiva que neutralice las raíces del delito, es decir las causas, ya que la mera disuasión no afecta a dichas causas que seguirán estando ahí presentes. 

Ya aquí podemos ver también la antítesis del derecho penal y la prevención, ya que, en un Estado social y democrático de derecho, el derecho penal solo puede intervenir cuando se lesionan los bienes jurídicos, por lo que anticiparse a ello iría totalmente en contra de esta premisa. 

La prevención atañe a todos los variables sociales porque el crimen es considerado un problema de la comunidad, que nace en la comunidad y que ha de resolverse por la comunidad, de tal modo que dicha prevención no es exclusiva de los medios de control social formal, sino también de los medios de control social informal. 

El crimen y la criminalidad son dos de los problemas que más preocupan a la sociedad en la actualidad, ambas han existido siempre por lo que no es nada nuevo, pero a esta importancia real le acompaña una relevancia simbólica, y es que hoy en día en las sociedades contemporáneas tenemos un mayor acceso a la información que, gracias a Internet, fluye de manera más rápida, lo que provoca que el problema se aprecie de forma más intensa. 

Así, ante un hecho criminal que llegue hasta nosotros surgen diversidad de cuestiones: se crea una mayor sensibilidad victimológica, hay personas que asumen una postura y la difunden (juzgar el hecho o a quién lo ha llevado a cabo, absolver o condenar según su “sentido común” o como mejor les convenga, etc.) 

Una cosa sí es cierta, y es que el tratamiento del fenómeno criminal debe ser tratado con rigor y cuando hablamos de rigor lo primero en lo que pensamos es un enfoque punitivo al sustentar la necesidad de castigar, o más bien la “obligación” que siente el Estado de castigar el delito, pero ¿será que es suficiente? ¿son posibles alternativas no punitivas para el tratamiento de la criminalidad? 

En un estado social y democrático de derecho está claro que la mayor atención debe estar en la creación de una política criminal que se anticipe al delito y evitar así al máximo su represión, aunque claro esto es fácil decirlo, pero no tanto llevarlo a la práctica. Dentro de toda la gama de políticas públicas que atañen a la prevención hay una materia que no sería tan complicada adoptar: la educación. 

En la criminología clásica, caracterizada por un Estado totalitario, la perspectiva que se tenía en relación con la delincuencia era totalmente reactiva, es decir el delincuente es un enemigo del Estado y el objetivo era disuadir a la población de cometer ilícitos penales castigando al delincuente, no se le veía como un ciudadano por lo que ni siquiera se podía hablar de prevención. 

Por el contrario, en la criminología moderna caracterizada por los rasgos de un Estado social y democrático de derecho, el fenómeno delictivo se aborda desde una perspectiva social, teniendo más importancia anticiparse al fenómeno delictivo, que reprimirlo. Es especialmente relevante reparar el daño causado a la víctima y ofrecer alternativas de socialización al delincuente.