¿Cómo saber qué elementos de la escena del crimen es la firma del criminal?

Normalmente se tratan de elementos que se repiten en cada escena, como pueden ser naipes, objetos pequeños, etc.

La firma suele representar el motivo del crimen, el por qué comete ese delito. Este tipo de evidencias conductuales son vestigios psicológicos sobre cómo reacciona el delincuente ante la investigación policial, si bien es cierto que este tipo de evidencias no tienen valor probatorio en un proceso penal, ya que se considera únicamente como un instrumento de investigación adicional.

Hay muchos tipos de firmas como marcas físicas en las víctimas o simples objetos presentes en la escena del crimen. Según el ex detective Robert D. Keppel son conductas de firma la mutilación, el ensañamiento, dejar mensajes o marcas profundas en el cuerpo, etc. Pero no todas las firmas son físicas, puesto que también pueden ser firmas un simple objeto como un naipe o un pentagrama dibujado en la pared como es el caso del asesino en serio Richard Ramírez.

“The fantasy that accompanies and generates the expectation that precedes the crime is always more stimulating than the period immediately following the crime itself.”

La semana pasada escuché en un programa de radio, que hablaba sobre el estreno de una nueva serie documental sobre asesinos en serie y una nueva película de Zac Effron sobre el criminal Ted Bundy; en dicho programa de radio leyeron un comentario de la madre de una de las víctimas de Bundy en el cual opinó que este tipo de películas y series documentales glorifican estos crímenes y por tanto a quienes los cometen.

Pero me pregunto, ¿realmente es así?

Si nos ponemos a ver todos los crímenes cometidos hasta ahora sí que es cierto que algunos de ellos son “copias” de grandes crímenes de la historia, pero también tenemos que tener en cuenta la personalidad y la salud mental de la persona que reproduce dichos crímenes, puesto que muchos de ellos son personas desequilibradas en los cuales un simple estímulo externo puede activar el lado más oscuro de las personas.

En otras ocasiones, hay personas que cometen actos delictivos simplemente por querer llamar la atención, “ser famosos” e incluso muchos de ellos lo reconocen públicamente, pero ese tipo de personas suelen ser personas que a su modo de ver son poco queridos por los demás, que han experimentado falta de cariño en la infancia, que les gusta llamar la atención de los demás. Aunque claro está que luego existen excepciones.

En líneas generales me gustaría concluir que depende de la forma en la que esté hecha la película, se enaltecerá o no a quién representa, pues en muchas ocasiones es bueno visionar documentales para comprender un poco mejor porque hizo lo que hizo, siendo muy interesante a nivel académico.

Siguiendo en hilo del artículo de la semana pasada, esta os voy a contar la historia de Jeffrey Dahmer, psicópata y asesino en serie.

Posiblemente con ese nombre no os suene, pero si lo llamo por el nombre que le pusieron, es posible que ya os suene: “El carnicero de Milwaukee”

Cuando ciertas tendencias agresivas se desarrollan en una persona y se mezclan con las condiciones idóneas, el resultado es que ese individuo pueda llevar a la acción sus deseos trastornados.

Su infancia fue tranquila, a la llegada a la pubertad comenzó a tener algún comportamiento errático, debido a su condición sexual (se sentía atraído por hombres) que ocultó debido a la incomprensión de la sociedad de la época.

Éstas fueron sus palabras “alrededor de los 14 años comencé a experimentar ideas obsesivas sobre violencia entrelazada con sexo. Se volvían cada vez más fuertes y no tenía a quién contarle, por lo que decidí ocultarlo”.

Su homosexualidad le causaba un gran conflicto interno por lo que comenzó a beber alcohol, en parte para evadirse de su propia realidad.

Cometió su primer crimen a la edad de 18 años, Jeffrey volvía a casa cuando recogió a un autoestopista y se ofrece a llevarlo a su casa para tomar algo. Cuando el chico quería marcharse, Dahmer le golpeó con una barra de hierro en la cabeza, y después lo estranguló.

A partir de ahí, siempre que Jeffrey mantenía relaciones con hombres tenía por costumbre adulterar sus bebidas con somníferos para que cayeran inconscientes, puesto que le gustaban que los hombres fueran sumisos.

En determinado momento decidió dejar de intentar controlar sus impulsos criminales, y decidió darles rienda suelta. Le seguía gustando drogar a los hombres para mantener relaciones sexuales, e incluso una vez acababa con su vida, le gustaba seguir practicando sexo con el cuerpo hasta que estos comenzaban a pudrirse.

Le gustaba guardar los restos de sus víctimas (una vez desmembrados), pero con el paso del tiempo el olor comenzó a ser insoportable, por lo que decidió comprar un recipiente donde disolvería los restos en ácido.

Pero no terminó ahí su obsesión de guardar partes de los cadáveres como trofeos, sino que decidió comerse partes de los cuerpos para mantenerlos así dentro de él, según dijo “Eso [comérselos] me hizo sentir que ellos se convertían en una parte de mí”.

Siempre había logrado huir de la policía hasta que una de sus víctimas logró escapar de la casa de Dahmer y avisó a una patrulla que estaba por la zona.

Jeffrey Dahmer fue condenado a 957 años de prisión por el asesinato de 15 personas, la mayoría menores de edad. Sus abogados intentaron alegar enajenación mental, pero el tribunal lo declaró sano y sentenciado a 15 penas de prisión perpetuas.

“Es difícil para mí creer que un ser humano podría haber hecho lo que yo he hecho, pero sé que lo hice”

The Jeffrey Dahmer Files (2012)

En el año 2016, la Asociación Laxshmi quiso contar conmigo para sus jornadas Prometeo de ese año. Básicamente tenía que estudiar el caso de Dámaso Rodríguez Martín, también conocido como “El Brujo – Maso”, e intentar esclarecer que fue lo que ocurrió, si se suicidó o no.

Dámaso Rodríguez fue considerado un asesino en serie que atemorizó a toda Canarias entre los años 1981 y 1991.

Su primer crimen fue cometido en 1981 cuando asesinó a un joven de dos disparos usando una pistola de 9 milímetros robada y también violó a su novia. Por estos hechos fue condenado a 55 años de prisión, pero pasados 8 años, Dámaso comenzó a solicitar permisos penitenciarios para salir de Tenerife II donde se encontraba cumpliendo condena.

El juez de vigilancia concede un primer permiso en el que permite salir a Dámaso en octubre de 1990, volviendo éste a la cárcel sin cometer ningún error, pero fue cuando le concedieron el segundo permiso en enero de 1991 cuando cometió el error de no volver tras los tres días de permiso. El 23 de enero aparece el cuerpo de un ciudadano alemán en el camino forestal de El Solís y un día más tarde se halló el cuerpo sin vida de la esposa de la primera víctima.

El 19 de febrero una familia que se dirigían a una propiedad suya deshabitada en la zona de El Solís vieron que la entrada estaba forzada y llamaron a la Guardia Civil. Cuando llegaron los agentes se percataron de que era Dámaso Rodríguez quién se encontraba en el interior, de tal modo que solicitaron más presencia policial. Se escucharon varios disparos y cuando todo se quedó en silencio, los guardias civiles entraron en la casa, encontrando el cuerpo de Dámaso Rodríguez casi sin vida.

Hay teorías que dicen que se suicidó con una escopeta que había robado, pero otras dicen que fue alcanzado por el tiroteo que hubo entre él y los guardias civiles. Por tanto, ¿Dámaso Rodríguez se suicidó o no?

Igualmente deciros que para estudiar este caso, analizamos diversas teorías como la “Hipótesis del círculo de David Canter”,  la “Teoría del Patrón del Delito”, los “Efectos de la prisionización”  y la “Dicotomía organizado / desorganizado”.

Como nueva hipótesis que se aplica perfectamente a este caso, creamos la “Hipótesis de la deshumanización“, que nos viene a decir que cuando una persona pasa buena parte de su infancia alejada de núcleos urbanos, residiendo en zonas montañosas, dicho individuo puede llegar a perder buena parte de su humanidad (si no recibe esos valores por parte de sus progenitores), no llegando a adquirir pautas de conducta sociales ni comportamientos socialmente aceptados, ni tampoco a empatizar con aquellos que le rodean en su etapa adulta.