Todos los jóvenes o menores no reaccionan del mismo modo a los factores de riesgo o protección, por ello diversas doctrinas hacen hincapié en la importancia de subrayar aspectos cognitivos interpersonales del menor a la hora de describir su personalidad.

Pero, ¿cuál es el objetivo de todo esto? 
Pues no es otro que poder establecer programas de prevención eficaces y para crear modelos educacionales que permitan una adecuada intervención psicosocial.

Habría tres posibles categorías tipológicas de menores delincuentes:

  • Una primera categoría que vendría definida por la existencia de trastornos psicopatológicos. Aquí podríamos hablar de:
    • Menores delincuentes por psicopatologías: normalmente suelen manifestar falta de empatía, lo que provoca que el menor no logre adaptarse a su entorno al no poder inhibirse de llevar a cabo comportamientos o conductas antisociales.
    • Menores delincuentes por ansiedad: estos jóvenes suelen arrastrar una grave perturbación del comportamiento que se manifiesta en desórdenes de conducta. El origen de esta ansiedad puede ser la frustración, el abandono, etc.
    • Menores delincuentes por autorreferencias de la realidad: son jóvenes que llegan a mezclar fantasía y juego de una forma tan intensa que comienzan a vivir fuera de la realidad, lo que en ocasiones conlleva actuaciones ilícitas.
  • Una segunda categoría integrada por jóvenes con algún rasgo de anormalidad patológica. Podemos encontrarnos con:
    • Menores delincuentes con trastorno antisocial de la personalidad: la mayoría de los menores que lo padecen tienen un mismo denominador común: la falta de cariño, atención y cuidado de sus padres. Sus principales manifestaciones son la hiperactividad, la ausencia de culpa, el fracaso escolar, ser poco comunicativos o ser muy excitables. Son jóvenes con una socialización primaria inadecuada, lo que acaba por llevarles a la delincuencia.
    • Menores  delincuentes con reacción de huida: normalmente en este caso los menores han sufrido maltrato o abuso sexual, por ello eligen huir, muchas veces sin un rumbo definido, lo que los convierte en objetivos fáciles para los responsables de la delincuencia organizada, o acaban delinquiendo para sobrevivir.
  • Una tercera categoría donde estarían los jóvenes que tienen rasgos de personales normales o casi normales. Estos menores son los que tienen características de personalidad normales o próximo a la normalidad, suelen ser aquellos jóvenes afectados por situaciones disfuncionales leves sin producir ninguna alteración en su percepción. En esta categoría se encontrarían la mayoría de los menores delincuentes:
    • Los que llevan a cabo actos de vandalismo, como consecuencia de entrada en la pubertad.
    • Los que cometen pequeños hurtos/fraudes con motivo de autoafirmación personal frente a su grupo de iguales.
    • Los que cometen delitos contra el patrimonio y/o libertad sexual por placer.
    • Los que delinquen para satisfacer apetencias consumistas.

En general no podemos hablar de un solo tipo de delincuente entre los adolescentes, ya que hay diferentes modos de comportarse y actos de diversa gravedad. En algunos de ellos, esta etapa suele ser algo transitorio (generalmente una llamada de atención), mientras que otros hacen de esto su estilo de vida. Cuanto más joven sea el delincuente, más probabilidades hay de que reincida.

Lo que sí está claro es que todos estos actos llevan a denunciar los errores de la educación como causa esencial de la delincuencia.

1 thought on “Perfil de protección y riesgo en menores

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