Después de la noticia hace unos meses de que un peligroso violador se fugó de una prisión en León, todos nos preguntamos ¿Cuán seguros son los permisos que se conceden a los presos?

Pues como respuesta a esta pregunta, las estadísticas son totalmente favorables, ya que únicamente fracasan el 0.37% de un total de 120 mil permisos concedidos por año.

Esto quiere decir que el 99.63% de los permisos acaban con el preso de vuelta en el centro penitenciario, por tanto no hay duda de su efectividad al ser uno de los mayores valores de la rehabilitación del condenado.

Cabe decir que los permisos de salida están pensados para preparar al interno para readaptarse a la vida en libertad, y existen dos tipos de permisos:

– Permiso ordinario: se otorgan para lograr esa reinserción del preso a la vida fuera de la prisión.
– Permisos extraordinario: son los que se conceden por motivos humanitario (muerte de un familiar, enfermedad grave, etc.) y son siempre supervisados.

Según la ley penitenciaria española, los permisos de hasta 36 días por año están supeditados a un informe preceptivo individualizado que pasa por la junta de tratamiento y valida el juez de vigilancia penitenciaria.

Los requisitos para concederlo están recogidos en dicha ley, no concediéndose a internos en situación preventiva o con clasificación de primer grado; para que los presos puedan optar a este “premio”, deben haber cumplido como mínimo una cuarta parte de la condena y que tengan mala conducta dentro del centro.

Está claro que siempre existen posible errores en los estudios, y por ello hay que trabajar para mejorar este sistema, que por ahora tiene un margen de fracaso muy corto.

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