Continuando con el método V.E.R.A. para elaborar perfiles criminales, nos quedamos en el trazado del perfil criminal.

Una vez que ya hemos recopilado toda la información que incluye las características de la víctima, es fundamental conocer el motivo por el cual esa persona fue selecciona como víctima, si fue algo aleatorio, si pertenecía a algún grupo de riesgo, etc. Todo esto lo podemos obtener observando la escena del delito y los lugares relacionados.

Reconstruir el delito, nos va a aclarar el modus operandi, la escenificación, el ritual o el sello del delincuente, ya que ésta busca entender cómo sucedió, y permite analizar la interacción del autor del delito con la víctima en relación con el análisis del comportamiento.

Una vez recogida toda la información sobre la víctima, le toca al delincuente, y hay que prestar especial atención en ello, ya que esta recogida de datos nos debe dar como resultado la descripción lo más aproximada posible sobre el aspecto físico y perfil conductual del criminal.

En definitiva, el método V.E.R.A. es una técnica progresiva y acumulativa donde los datos, las inferencias y las hipótesis pueden ir añadiéndose unas a otras. Sobre estos datos se aplican todos los principios de la psicología que resulten oportunos para perfilar suficientemente la personalidad y conducta del agresor, criminal o delincuente.

El “criminal profiling” es una técnica de investigación que se utiliza en criminología con la que se trata de crear tipologías y perfiles en la resolución de hechos delictivos en los cuales se desconoce al autor de los mismos.

El fin de la perfilación criminal es describir, explicar y predecir las características de la persona que ha cometido un delito.

Para poder crear estos perfiles se obtiene información analizando la evidencia psicológica o conductual.

Es una técnica utilizada en casos sin resolver o casos estancados que necesitan una visión diferente de los hechos.

El método más utilizado en perfilación criminal es el método V.E.R.A.(acrónimo de Víctima-Escena-Reconstrucción-Autor) y se suele utilizar en casos de homicidio, secuestro, atracos, agresiones sexuales, en casos aislados o en serie y cuando se dan desapariciones de alto riesgo de personas.

Uno de los primeros perfiles que se llevaron a cabo fue el de George Metesky, también conocido como “el loco de las bombas”. Fue un delincuente que entre los años 40 y 50 colocó alrededor de 37 bombas en estaciones y cines de Nueva York.

 

 

 

 

 

 

 

Este tipo de clasificación de los criminales es la más usada en el criminal profiling respecto a la escena del crimen. 

Tras analizar muchas escenas del crimen, llegaron a la conclusión de que los asesinos podían clasificarse en asesinos organizados y desorganizados, pues hay algunos que muestran una cierta lógica en aquello que hacen, son metódicos, planifican los crímenes, son inteligentes y competentes socialmente; por otra parte hay ciertos asesinos que son impulsivos, poco inteligentes, incapaces de planificar sus crímenes, generalmente relacionados con trastornos esquizofrénicos.

Desde un punto de vista psicopatológico, el asesino organizado estaría relacionado con personas psicópatas y el desorganizado con trastornos psicóticos.

Los perfiladores del FBI argumentan que las diferencias entre una escena del crimen organizada y desorganizada radica en las mismas diferencias encontradas en la personalidad de los criminales, es decir quien es organizado en su vida normal, será organizado cuando cometa un crimen y al revés.

A continuación hay una tabla que muestra las diferencias entre ambos tipos de delincuentes:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablando de la escena del crimen, las diferencias en las distintas escenas se basan en que una escena organizada va a dar la sensación de haber sido planificada con anterioridad, los pasos y modus operandi desplegado por el criminal obedecen más a un cuidadoso plan que a un ataque de agresividad y violencia repentina. El desorganizado actúa casi sin premeditación en la escena, no controla nada de lo que hace, sin embargo el organizado ha pensado en lo que tiene que hacer, hay poca improvisación y todo sus movimientos parecen haber sido ensayados anteriormente, controla todo lo que ocurre.

El criminal organizado usa un arma que generalmente ha llevado consigo, es parte de su plan, el desorganizado usa un arma de oportunidad de la misma escena y muy posiblemente la deje allí.

El delincuente organizado personaliza su víctima, necesita una persona  a la que humillar, controlar, agredir; el agresor interactúa, se comunica con su víctima, tiene un significado. Para el delincuente desorganizado la víctima está despersonalizada, es un objeto con el que no quiere tener ninguna relación, no le vale para nada excepto ser el blanco de su ira, de su agresividad. Eso se percibe en la escena, en la manipulación y heridas de la víctima.

El agresor organizado planea su huida, borra o trata de no dejar indicios que lo delaten, controla su fuga y eso se percibe en el “orden” y “limpieza” en la que deja la escena, mientras el desorganizado, en su descontrol psicótico no es capaz de realizar actos de precaución, huye apresuradamente, deja numerosas huellas, rastros e indicios.

Pero en la realidad es difícil encontrar escenas totalmente organizadas, por ello el investigador que analice una escena del crimen, ha de hacerlo de manera metódica pero sin dejarse influir por clasificaciones encasilladas y excluyentes.