Este tipo de clasificación de los criminales es la más usada en el criminal profiling respecto a la escena del crimen. 

Tras analizar muchas escenas del crimen, el FBI llegó a la conclusión de que los asesinos podían clasificarse en asesinos organizados y desorganizados.

Los criminales organizados muestran una cierta lógica en aquello que hacen, son metódicos, planifican los crímenes, son inteligentes y competentes socialmente; por otra parte hay ciertos asesinos que son impulsivos, poco inteligentes, incapaces de planificar sus crímenes, generalmente relacionados con trastornos esquizofrénicos.

Desde un punto de vista psicopatológico, el asesino organizado estaría relacionado con personas psicópatas y el desorganizado con trastornos psicóticos.

Los perfiladores del FBI argumentan que las diferencias entre una escena del crimen organizada y desorganizada radica en las mismas diferencias encontradas en la personalidad de los criminales, es decir quien es organizado en su vida normal, será organizado cuando cometa un crimen y al revés.

A continuación hay una tabla que muestra las diferencias entre ambos tipos de delincuentes:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablando de la escena del crimen, las diferencias en las distintas escenas se basan en que una escena organizada va a dar la sensación de haber sido planificada con anterioridad, los pasos y modus operandi desplegados por el criminal obedecen más a un cuidadoso plan que a un ataque de agresividad y violencia repentina. El desorganizado actúa casi sin premeditación en la escena, no controla nada de lo que hace, sin embargo el organizado ha pensado en lo que tiene que hacer, hay poca improvisación y todo sus movimientos parecen haber sido ensayados anteriormente, es decir, controla todo lo que ocurre.

El criminal organizado usa un arma que generalmente ha llevado consigo, es parte de su plan, el desorganizado usa un arma de oportunidad de la misma escena y muy posiblemente la deje allí.

El delincuente organizado personaliza su víctima, necesita una persona  a la que humillar, controlar, agredir; el agresor interactúa, se comunica con su víctima, tiene un significado. Para el delincuente desorganizado la víctima está despersonalizada, es un objeto con el que no quiere tener ninguna relación, no le vale para nada excepto ser el blanco de su ira, de su agresividad. Eso se percibe en la escena, en la manipulación y heridas de la víctima.

El agresor organizado planea su huida, borra o trata de no dejar indicios que lo delaten, controla su fuga y eso se percibe en el “orden” y “limpieza” en la que deja la escena, mientras el desorganizado, en su descontrol psicótico no es capaz de realizar actos de precaución, huye apresuradamente, deja numerosas huellas, rastros e indicios.

Pero en la realidad es difícil encontrar escenas totalmente organizadas, por ello el investigador que analice una escena del crimen, ha de hacerlo de manera metódica pero sin dejarse influir por clasificaciones encasilladas y excluyentes.

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