La cárcel es un espacio fijo, cerrado, formado por distintos departamentos y módulos que exige a los reclusos un esfuerzo adaptativo debido a la falta de recursos propios, siendo por ello considerada esta población de riesgo.

Esta adaptación junto con la adquisición de nuevas conductas y valores generados por la subcultura carcelaria es lo que se conoce como “prisionización”, siendo influenciado por factores como la personalidad de cada individuo y sus circunstancias. 

Como consecuencia de esta prisionización, se crean diferentes formas de adaptación a este nuevo contexto afectando por igual a la conducta y la salud psicológica de los presos, y por ende a su rehabilitación social, especialmente de los presos que están cumpliendo condena por delitos graves, ya que su permanencia en un entorno no normalizado y en muchas ocasiones hostil, es de larga duración, lo que puede llegar a crear en el individuo consecuencias psicológicas negativas derivadas de ese encarcelamiento.

Dichos efectos pueden ser permanentes o no, todo depende del sector social del que proviene el preso, su antiguo ambiente y su carrera criminal.