La Teoría del Patrón Delictivo se encuadra dentro de lo que se conoce como Criminología Ambiental. 

Esta teoría viene a decirnos que la distribución de los delitos no se produce al azar ni de manera uniforme, ya que hay infractores que cometen una gran cantidad de delitos, cuyos objetivos son victimizados repetidamente o los llevan a cabo en lugares donde se concentra una gran cantidad de delincuencia, es decir, existen “patrones”.

A la hora de elegir el lugar y el objetivo conveniente, los delincuentes se ven influenciados por gran cantidad de señales que emite el ambiente, claves que les dan información y que luego usan para localizar e identificar a sus objetivos. Estas claves, junto con la experiencia que van adquiriendo, hace que los delincuentes generen un modelo del objetivo perfecto.

También, a partir de dicha experiencia adquirida, crean métodos favorables de búsqueda de objetivos, lo que implica que la víctima no se encuentra fuera del entorno del delincuente, sino que reúne una serie de características que resultan atractivas para el agresor y que la convierten en potencial objetivo al encontrarse en el momento y contexto perfectos para ello.

Los delincuentes no dedican todo su tiempo a delinquir, sino que dedican la mayor parte de su día a día a actividades no delictivas, de manera que los patrones de movimiento de los delincuentes son iguales a los de los no delincuentes. En referencia a ese movimiento en el espacio, hay dos conceptos que merece la pena destacar: la distancia de decaimiento y el mapa mental.

La mayoría de los delincuentes se guían por decisiones racionales, es decir, rigen su conducta por la ley coste/beneficio, lo que ocurre es que a mayor desplazamiento mayor coste, por lo que tenderá a guiarse por el principio del mínimo esfuerzo y a desplazarse lo menos posible, por lo que la llamada “distancia de decaimiento” significa que a medida que nos alejamos del domicilio del delincuente, la frecuencia de los delitos disminuye.

Por otro lado, los mapas mentales son una representación muy personal del entorno familiar que nosotros experimentamos; gracias a dicho mapa, los delincuentes eligen a dónde se dirigen, qué zonas son buenas para delinquir, posibles vías de escape y de acceso. En definitiva, la relación que tiene el delincuente con el entorno en el cual cometerá los actos delictivos está mediada por el mapa cognitivo que tenga.