Dentro del campo de la criminología existen diferentes teorías o paradigmas. Hoy vamos a ver lo que es la criminología biosocial.

Este paradigma se centra en el estudio genéticos, biológicos y evolutivos. Busca los rasgos o propensiones heredados de la agresividad u otras emociones y cómo esta interacciona con el ambiente resultando en comportamientos delictivos o prosociales.

En definitiva las posibilidades delictivas tienen que ver con la calidad de la suma de factores biológicas y factores sociales.

Dentro de este enfoque encontramos dos teorías:

Genética de la conducta y biología. Los estudios de familias con tradiciones antisociales e hijos adoptivos muestran que la genética es un factor explicativo en las conductas delictivas. Pero no debemos olvidarnos del ambiente, la genética y el ambiente interactúan entre sí, siendo que el ambiente (general y/o específico) modera la influencia genética según un estudio.

La genética y el ambiente interactúan entre sí en planos de igualdad pero en diferentes niveles, esto quiere decir que influyen de manera más o menos parecida en cada factor de riesgo o protección.

La psicofisiología es la encargada de medir las respuestas corporales a determinadas situaciones, como por ejemplo la sudoración, ya que normalmente estas respuestas tienen un componente genético lo que nos permite establecer si en un sujeto concreto es una causa que favorece el comportamiento delictivo.

Otro recurso muy utilizado para esclarecer la influencia de la biología en los comportamientos antisociales es el escáner cerebral, puesto que se ha demostrado el funcionamiento anormal y la baja activación de varias áreas cerebrales de algunos reclusos.

Relacionado con el cerebro, durante la gestación la interacción de las hormonas influye en la química cerebral sin guardar relación con el desarrollo de los genitales del feto, esto quiere decir que puede ocurrir que las mujeres cuya química cerebral tenga un componente mayor de andrógenos, sean más agresivas que sus iguales.

Esto conlleva a que se pueden encontrar cerebros feminizados o masculinizados en diferentes grados, independientemente de si es hombre o mujer.

Las conductas por lo general también aumentan la segregación de las hormonas bidireccionales en las conductas violentas, por ejemplo reaccionar de forma agresiva y violenta aumenta la producción de testosterona (por ello se presupone que los hombres son más violentos que las mujeres, debido a que esta hormona precipita la agresión)

La otra teoría dentro de este paradigma es la Sociobiología. La sociobiología estudia la relación entre la biología y la conducta social. Bajo esta premisa, la negatividad que usualmente se le atribuye a la agresividad no es correcto, ya que hay que entenderlo desde un punto de vista adaptativo.

La agresividad es una cualidad heredada que permite a la especia sobrevivir y adaptarse a su entorno. Por ejemplo, ante una agresión, reaccionamos de una forma igualmente agresiva para anteponernos a la situación adversa y sobrevivir como individuo. La agresividad y sus múltiples ramificaciones comportamentales se desencadenan cuando la percepción del sujeto acerca de la situación así lo requiere.

Haciendo un resumen de este paradigma de la criminología biosocial:

– La predisposición genética a la antisocialidad de los padres se transmite moderadamente a los hijos, pero la influencia del entorno también es importante a la hora de potenciar o limitar esta predisposición.

– Algunos genes específicos y antisocialidad sí son concluyentes.

– La psicofisiología permite vislumbrar qué sujetos son los que poseen mayor riesgo de desarrollar conductas delictivas (sudoración, ritmo cardíaco, etc.)

– Los factores de obstetricidad ayudan a identificar a los sujetos potencialmente antisociales.

– Las imágenes neuronales permiten vislumbrar el riesgo de llevar a cabo conductas antisociales a través del funcionamiento del córtex prefrontal y los hemisferios cerebrales.

En definitiva hay que tener en cuenta todos estos factores, pero estos normalmente no se activan si el ambiente no lo demanda, de ahí la importancia del ambiente como catalizador antisocial. Los ambientes estables, protectores y que no piden al individuo más de aquello que pueden soportar son importantes para evitar esta predisposición a la conducta antisocial.